Cerca del Paraiso

Las puestas de Sol en la Caleta de Famara (Lanzarote) son tan impresionantes que uno parece haber sido transportado a otro mundo. Un espectacular cielo teñido de rojo se va mostrando lentamente mientras el Sol desaparece por detras de las montañas volcánicas. Entonces, en medio del silencio de la tranquila tarde, el viento parece cobrar vida, quizás porque siente envidia de tan llamativo fenómeno, y se empeña a fondo para agitar las suaves olas que aterrizan en la playa de la caleta consiguiendo con ello que el lejano rumor del mar sincronice, como una música celestial, la caida del astro rey y las nubes se deshilachen en finas extensiones efímeras.

Todo ocurre en breves momentos, demasiado rápido, por lo que hay que prestar mucha atención para no perderse la belleza de ese instante que no volverá a repetirse exactamente igual nunca más.

Pronto cae la noche y salen las estrellas. El viento vuelve a detenerse, pero el mar sigue cantando con ese rumor imperecedero.


Llorar en el Ganges

La barca se mueve silenciosamente arrastrada por la corriente, vamos en dirección hacia el Manikarnika Ghat, el más importante crematorio de Varanasi. Las aguas bajan turbias después de los monzones y el descenso de nivel después de las copiosas lluvias se nota en los peldaños de las escaleras del ghat. Está anocheciendo. Nos acercamos lentamente pero ya podemos ver las piras funerarias ardiendo en la distancia. Solo puedo hacer fotos gracias a mi teleobjetivo, antes de pasar el templo nepalí, más allá está prohibido. La luz es tan pobre que me obliga a disparar con sensibilidades altas. Luego apago la cámara mientras la barca continua acercándose respetuosamente a la orilla. Ya se oye el crepitar de las hogueras. Todo el mundo guarda silencio.

Hay una vaca deambulando en medio del crematorio, se está comiendo las flores de las coronas que acompañan a los cadáveres. A la derecha también veo perros escarbando en los restos humanos que han quedado sin carbonizar. Al finalizar la cremación, la tradición manda al hijo mayor romper el cráneo de su padre con una vara de bambú y arrojarlo al Ganges.

Todo me parece en cierto modo surrealista, pero estamos asistiendo a la ceremonia religiosa más importante del hinduismo. El Ganges es el río sagrado de la India, donde todo hindú desea descansar eternamente aunque solo los más afortunados pueden permitirse este ceremonial para que sus restos finalicen el ciclo de la reencarnación y alcanzar de ese modo la vida eterna.

Lo realmente extraño es que estas ceremonias sagradas se hayan convertido en una atracción turística para miles de visitantes cada día. Algunos no lo soportan y luego pasan mala noche, a otros se les revuelve el estómago.

Absorto en su contemplación me doy cuenta que nuestro guía hace un gesto silencioso al barquero para que se retire de la orilla. Miro hacia atrás y encuentro el motivo: la emoción ha embargado a mi esposa y está llorando.


Excursión al Urederra

El Urederra es un pequeño río que nace descolgándose desde un cortado de 700 metros de altitud en el macizo de la sierra de Urbasa, dentro del Parque Natural Urbasa Andía, perteneciente al término municipal de Baquedano (Navarra). Urederra significa ”Agua Hermosa”, un nombre más que apropiado para definir el color turquesa de sus aguas que discurren entre cascadas y numerosas pozas formadas por un fenómeno kárstico que da lugar a las espectaculares morfologías de su cauce.

Este espacio, declarado Reserva Natural en 1987, esta integrado por gran número de hayas, robles, olmos, arces, tejos y avellanos, así como de una variada especie de fauna conformada por buitres, alimoches, milanos, aguiluchos o cuervos. Para alcanzar el nacimiento del río existe un sendero de escasa dificultad, bien delimitado y acondicionado, de 5,3 kilómetros de longitud, que recorre el curso del río en sentido contrario hasta llegar al gran anfiteatro rocoso donde se juntan infinidad de pequeños torrentes que dan origen al propio nacedero del río.

La ruta hacia el nacedero comienza en el mismo pueblo de Baquedano, donde se puede dejar el coche en el parking habilitado para ello. Visitarlo en pleno invierno, como hemos hecho nosotros, no es la época más adecuada, pues aparte del intenso frío que hay que soportar, existe siempre el peligro de la lluvia, que puede estropearnos la bonita excursión. No nos ha llovido, pero hemos acabado de barro casi hasta la rodilla, sin embargo hemos podido disfrutar, para nosotros solos, pues no había nadie más por la zona, de un espectacular flujo de agua imposible de observar en épocas más secas, y con la ventaja de mayores zonas de observación debido a la escasez de hojas en las ramas de la vegetación que cubre las orillas del río.

Tendremos que volver otro día con mejor tiempo para comparar la variedad del colorido de las aguas bajo los rayos del Sol, pues parece ser que en estas condiciones los tonos esmeraldas se convierten en tonos azul turquesa.. y eso hay que verlo… y fotografiarlo.

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